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Carmen Vázquez Fernández

CAT / CAST

“El darse cuenta"
qué es y para qué sirve (Parte I)

Este documento fue creado como apoyo teórico del curso “El darse cuenta (I)” impartido en la formación de terapia Gestalt de la escuela “Gestalt Girona”. El tema, que en este caso desarrollamos centrándolo en la terapia, es perfectamente aplicable a la intervención social y la supervisión y, en general, a cualquier proceso de acompañamiento a las personas, ya que por su importancia central define un posicionamiento para la intervención. Dada la extensión del artículo, lo publicaremos en dos partes.
El tema que tratamos aquí es quizás el más central de la terapia Gestalt: El “darse cuenta”, “tomar consciencia” o, como lo nombra Claudio Naranjo, “percatarse”. Tanto es así que a esta terapia se la ha llamado también “terapia del darse cuenta”. Por su bastedad y profundidad, lleva a la Gestalt a traspasar el marco de la práctica terapéutica, para catapultarla a la categoría de filosofía y estilo de vida. Así mismo, la convierte en una práctica cotidiana de lo que, a través de su profundización, puede ser una vía de desarrollo humano permanente e iniciación a la espiritualidad.
Llevaremos a cabo aquí, de forma breve, un primer acercamiento al darse cuenta (a partir de ahora D.C.) que nos permita llegar a la captación de su importancia, abrirnos a la comprensión de su significado, adentrarnos en sus tipos y formas y comprender su función en el proceso de acompañamiento terapéutico.
«SER TERAPEUTA ES SER UNO MISMO»
De esta forma sencilla y rotunda definía F. Perls con una sola frase el posicionamiento de la Gestalt. ¿Y qué es eso de ser uno mismo?
Con la misma claridad y sencillez radical, Perls nos da las claves:
Ser es igual a:
  • Estar aquí y ahora
  • Estar consciente
  • Ser responsable.
En realidad, esto que parecen tres actitudes no son otra cosa que tres facetas de un mismo fenómeno. En el momento en que nos situamos en el aquí y ahora nos hacemos conscientes de aquello que percibimos, ya sea del exterior, como de nuestro interior. Desde ahí, nosotros estamos plenamente y nos hacemos cargo de lo que sentimos y hacemos; es decir, nos hacemos responsables de nosotros mismos. No hay posibilidad de estar consciente sin estar en el presente. No nos hacemos cargo de nosotros si no somos conscientes. El presente es la condición. La responsabilidad es la consecuencia. De nuevo el estar consciente es el núcleo. El D.C. es lo que nos abre a la consciencia.
¿Por qué ser uno mismo es fundamental para ser terapeuta gestáltico? Un aspecto definitorio de la Gestalt desde el enfoque de Perls, es que lo esencial no son las teorías ni las técnicas. Lo que genera un proceso de “curación” y crecimiento es el encuentro humano genuino y profundo. El/la terapeuta no hace cosas para acompañar a la persona en su proceso -o lo que hace no es lo esencial-, sino que la interpela, confronta y contagia desde su propio ser y la apoya y acompaña desde la relación genuina y profunda que desde ese “ser lo que es” establece.
En todo caso, y para lo que a nosotros nos interesa ahora, baste saber que sin consciencia, ergo sin D.C., no es posible acompañar un proceso humano.
LA REALIDAD ES LO QUE SANA.
Y EL DARSE CUENTA LO QUE NOS LLEVA A ELLA
Esta es otra óptica desde la que podemos enfocar la trascendencia radical del D.C.
¿Qué hacemos con la carencia y el daño que hemos vivido? ¿Como salimos adelante con todo el dolor, rabia y miedo que esa carencia y daño vividos nos ha provocado? Como el miedo y el dolor son inhabilitantes en relación directa con su intensidad; y la rabia, aunque nos hace sentirnos fuertes, nos lleva a comportamientos muy disfuncionales y dañinos para nosotros y para el otro; y todo en su conjunto es muy difícil de sostener (Imposible si somos bebés o niños y estamos solos), necesitamos hacer como que todo eso no está, no ha existido nunca o no nos ha afectado. Ahí emprendemos un largo viaje al mundo de la negación, las evitaciones, las defensas, la insensibilización y, en resumen, la evasión de la realidad. Eso es la neurosis: todo ese conjunto de estrategias evasivas y defensas y su concreción y desarrollo en nuestras relaciones y nuestro manejo en el mundo.
¿Cual será el camino de vuelta, entonces? Necesitamos afrontar aquello que hemos vivido y “digerirlo” de forma que se transforme en experiencia y desarrollo de nuestras capacidades. Necesitamos detener nuestras dinámicas evasivas para dar paso a la consciencia de lo actual. Ese paso a la consciencia nos lo proporciona el D.C.
“La gestalt (…) concibe el darse cuenta como el proceso de restauración de la salud, entendiendo que la neurosis es un oscurecimiento de la capacidad de percibir (a sí mismo, al mundo…) y el camino corrector es ir saneando esa ceguera” (F. Peñarrubia, 1998)
Podemos contemplar el D.C. como camino, si, en el que cada pequeño paso nos lleva a la recuperación de nosotros mismos: lo que sentimos realmente, lo que somos de verdad, y a la captación del otro, del entorno y lo que sucede realmente en lo actual. Sólo desde lo real podemos construir algo real. Sólo el regreso paulatino y acompañado a lo real nos sana. Y sólo desde la re-sensibilización y apertura a lo que captan nuestros sentidos en el presente nos pone en contacto con lo real.
Y esta es una primera aproximación a lo que es el D.C.: La apertura a lo que captan nuestros sentidos en el presente; la captación de lo sensorial y experiencial; el anclaje en aquello que ocurre momento a momento.
Perls decía que “El darse cuenta (…) implica una percepción relajada en lugar de una percepción tensa, llevada a efecto por la persona total”. Hoy sabemos que los seres vivos tenemos una función prodigiosa que es nuestra atención; y que ésta, a modo de foco de una linterna, puede ser más intensa o menos, más abierta o más cerrada, ser firme o laxa. Podemos dirigirla voluntariamente a donde deseemos pero también tiene un “programación» innata, que la lleva a dirigirse automáticamente al estímulo más intenso o a aquel que está en movimiento, o a aquello que necesitamos… Allá donde dirijamos nuestra atención y la forma en que lo hagamos, delinea el área de realidad que percibimos. Pero esto de la percepción no es tan sencillo.
Gracias a la Psicología de la Percepción sabemos que en realidad no captamos la realidad, sino que hacemos una construcción a partir de lo que captamos rellenando huecos, tergiversando lo que nos conviene, eliminando lo que no nos confirma lo que creemos o sabemos… Es la imagen clásica del budismo para mostrarnos como vivimos en un sueño: La cuerda que percibimos como una serpiente llenándonos de miedo y reaccionando a ella como si fuese real.
De la que se trata en el D.C. es de incrementar la intensidad del foco que es nuestra atención, de modo que elimine el máximo posible las sombras y deformaciones que introduce nuestra mente, y propiciando que podamos captar la realidad fenomenológica. Es decir, aquello que está ocurriendo en el presente y llega a través de mis sentidos. Hoy en día a esa intensificación de la atención se le ha dado el nombre de “mindfulness” o, en su traducción al castellano, “atención plena”.
Parece fácil ¿Pero lo es?
IDEACIÓN, RACIONALIZACIÓN, RECUERDO, ANTICIPACIÓN, IMAGINACIÓN, FANTASÍA, SIMULACIÓN DE LA REALIDAD, AUTOSUGESTIÓN…
Todo esto son funciones de nuestra actividad mental. Una deformación en la Gestalt ha llevado a demonizarlas. Pero no ¡nos son muy útiles! Nuestra supervivencia y nuestro desarrollo social y cultural han dependido de ellas. Realmente nuestra mente es un instrumento muy valioso… Siempre que todas estas funciones sean desarrolladas a partir de la captación de lo real y se desarrollen de forma constructiva.
“En el instante mismo que surge algo desagradable y doloroso, en ese instante nos hacemos fóbicos. nos escabullimos, nos desensibilizamos. Usamos todo tipo de medios y modos para impedir el proceso de crecimiento” (F. Perls, 1976)
Así lo expresaba Perls en un tono que me parece un tanto culpabilizador. En realidad, esa fobia al dolor no tiene un fin sino que es una reacción inconsciente. Es el producto de la falta de apoyo que vivimos en el momento en que vivimos la carencia y el daño y la incapacidad de sostener nosotros solos ese dolor. Los medios de evasión, los utilizamos con el fin de no encontrarnos de nuevo sintiéndonos desvalidos ante algo que nos desborda, teniendo esa evasión como consecuencia el bloqueo de la maduración y del crecimiento. Es el gesto automático de cerrar los ojos cuando vamos a recibir un golpe o algo nos da miedo, pero trasladado al ámbito de lo psicológico.
Pero para lo que nos interesa ahora, valga decir que bloqueamos de forma continuada nuestro D.C. con el fin, eso si, de reducir o eliminar nuestra consciencia de aquello que nos produce dolor. Y ese bloqueo lo llevamos a cabo, justamente, desensibilizándonos, negando nuestras sensaciones y emociones, disociándonos de nosotros y de lo que estamos viviendo…
 
BIBLIOGRAFIA CITADA
– F. Peñarrubia (1998): “Terapia Gestalt, la vía del vacío fértil”. Alianza Editorial, Madrid.

– F. Perls
(1976): “El enfoque gestáltico & testimonios de terapia”. Cuatro Vientos, Santiago de Chile.