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Carmen Vázquez Fernández

CAT / CAST

Dialogo con el alma.
La práctica del movimiento auténtico

Este artículo lo escribí en el 2004 como apoyo a lo talleres de Movimiento Auténtico que organizaba. Durante muchos años practiqué este método que va más allá de la terapia corporal para convertirse en una puerta a la psique y el inconsciente en toda su bastedad. También supone e implica el establecimiento de un profundo contacto con el cuerpo y un potente medio para el desarrollo de la atención plena y ampliación de la conciencia.
Marcia Plevin en su conferencia realizada en la Asociación Italiana de Psicología Transpersonal en Roma: “Las raíces y el desarrollo del Movimiento Creativo (MC) y el Movimiento Auténtico (MA).” (1995), nos presenta así este método de trabajo:
“El Movimiento Auténtico tiene sus raíces en la psicología occidental a través del método de C.G. Jung de contacto y trabajo con el inconsciente al cual llamó “Imaginación Activa”. Esta práctica apunta a facilitar la trascendente unión de los opuestos, lo cual puede ayudar al individuo a realizar la totalidad del potencial original de la psique: ‘Es una forma de autodiálogo con el inconsciente que se puede manifestar de varias forma creativas tales como escritura, arte visual, danza u oratoria.’ (C.G. Jung, 1981).
A principios de la década de los sesenta, después de terminar un extenso análisis jungiano, Mary S. Whitehouse, una terapeuta americana de danza/movimiento, empezó a experimentar usando la Imaginación Activa explícitamente a través del movimiento. A esta práctica la denominó Movimiento Profundo o Movimiento Auténtico.”
Posteriormente este trabajo continuó siendo desarrollado por Janet Adler y Joan Chodorow, ambas provenientes del mundo de la danza e interesadas profundamente en los procesos que se desarrollan en el ser humano.
Según la definición de Mary Whitehouse, en el M.A. la persona vive un proceso de cambio que parte del movimiento intencionado, hasta llegar a la experiencia de ser movida desde dentro de sí. En el M.A., a diferencia de otras disciplinas que utilizan como base el cuerpo, no hay ninguna propuesta de trabajo, ni tema predefinido; tampoco se utiliza la música ni ningún otro tipo de elemento inductor.
¿En qué consiste este método de trabajo? ¿Qué posibilita el que se genere esta experiencia tan inusual para nosotros de “ser movido” internamente? ¿Qué es lo que facilita que ese “ser movido” se transforme en lo que Janet Adler (1992), definió como:
“Una forma de relación entre lo inconsciente y lo consciente que se manifiesta en el cuerpo”.
Quizás sea la estructura particular de este método lo que crea las condiciones para que se dé el proceso. Dicha estructura tiene unas características que la aproximan a lo ritual. Es decir, todos los elementos que la componen están ideados para facilitar la ampliación de la conciencia de las personas que participan en el. Citando a J. Adler:
“En cualquier ritual, la impecabilidad se transforma en un elemento crítico. Cualquier movimiento de un individuo o de un grupo se torna cada vez más específico, preciso, según el orden inherente se rebela en sí mismo. La precisión es un elemento esencial de la experiencia transformadora.”.
El M.A. se desarrolla a partir de dos elementos fundamentales: 1- Quienes se mueven y 2- Aquellos que son testigos de los anteriores. Uno y otro rol se van alternado en la misma persona a lo largo del proceso. Así pues, el trabajo transcurre siempre en una relación entre quien mira y quien es mirado o, dicho de otro modo, entre quien vive la experiencia de forma activa y aquel que observa de forma receptiva aportando una conciencia externa al que se está moviendo.
Al realizarse el trabajo en grupo con varias personas moviéndose de manera simultanea y varios testigos observándolas, se crea lo que podríamos llamar una caja de resonancia de la consciencia. Este espacio de consciencia, que constituye al mismo tiempo un área de contención de las vivencias de los que se mueven, posibilita el acceso a niveles muy profundos del inconsciente en sus planos: personal y suprapersonal.
Al mismo tiempo, el hecho de realizar todo el proceso ante la mirada de un testigo potencia, por pura mimesis, la generación y desarrollo del propio testigo interno:
“En la práctica del Movimiento Auténtico, el testigo interno de quien se mueve se desarrolla en relación con la internalización gradual de su testigo externo. Originalmente, la testigo externa conserva la consciencia para que ella pueda abrirse a lo inconsciente. Gradualmente, su testigo interno mantiene consciencia para ella mientras ella encuentra más espacio para abrirse a otras fuentes de energía.” (J. Adler, 1992)
La relación entre quien se mueve y su testigo da paso a cuatro niveles de desarrollo del proceso:
1- La apertura al movimiento interno espontáneo de quien se mueve. Este, con los ojos cerrados, se sintoniza de manera profunda consigo mismo: sus sensaciones e impulsos, sus emociones y sentimientos, sus imágenes y pensamientos. Se abre a lo que surja desde una actitud de espera sin anticipación, y permite que el movimiento evolucione sin empujarlo ni retenerlo, sin intentar dirigirlo cuando aparece.
“Es un momento no premeditado, una entrega que no puede ser explicada, repetida exactamente, buscada o intentada” (…) “Cuando el cuerpo encuentra el modo para expresar lo que es materia prima sin forma, la consciencia evoluciona” (Mary Starks Witehouse, 1979 en Marcia Plevin 1995)
2- La observación del movimiento por parte del testigo. Quien ocupa el rol de testigo se abre a un tipo de atención particular. A lo largo del proceso va aprendiendo a situarse en un estado de silencio interno desde el que mira sin contaminar la observación con sus propios contenidos personales.
En esta observación se conjuga la atención receptiva, que le permite captar lo que surge en el que se mueve como si el mismo lo estuviera viviendo; y, a la vez, una actitud de desapego, que le posibilita no confundirse con el otro.
Cuando el movimiento ha finalizado, el testigo toma la función de hacer de espejo fidedigno a quien se movió, siempre partiendo de lo sensorial y lo cinestésico. Este feed-back coloca el proceso en lo fenomenológico y facilita que el cuerpo y el movimiento se presenten como metáfora de lo interno, descontaminándolo de cualquier elaboración racional que pudiera desvirtuarlo.
3- Lo que surge en el testigo cuando este observa a quien se está moviendo. El testigo se abre también a sus propias sensaciones, impulsos, emociones, sentimientos, imágenes y pensamientos que aparecen en el al observar las evoluciones de quien se mueve. Tal como nos lo describe Marcia Plevin:
“Ante la intensidad de la experiencia del que se mueve, que integra intensamente planos corporales y psicológicos, el testigo se siente “llamado”: en su cuerpo se despiertan resonancias que activan su propia experiencia interna; emergen imágenes, emociones, ideas, recuerdos y, sobre todo, sensaciones cinestésicas e impulsos de movimiento.” (M. Plevin, 1995)
Este material también puede ser compartido al finalizar el movimiento posibilitando la ampliación de la perspectiva del que se movió
4- El testigo interno del que se mueve. También podríamos hablar del “observador” interno o, en términos gestálticos, del “darse cuenta” desde el continuum de conciencia. Sea como sea, este es uno de los aspectos más importantes del trabajo.
Más allá de las vivencias por las que transita la persona que sigue este método, esta va desarrollando, cada vez con mayor intensidad, la capacidad de situarse en una observación desposeida de juicio o racionalizaciones y que no interfiere en aquello que se está desarrollando.
Con el tiempo, el observador interno se va mostrando como una presencia desapegada. Es esta conciencia despierta y receptiva la que posibilita a la persona transitar a través de los materiales inconscientes que van emergiendo. Finalmente, será el desarrollo de esta misma conciencia lo que permitirá el acceso a los planos suprapersonales.
El M.A. en el paulatino transito por los diferentes planos de conciencia constituye lo que J. Adler definió como una relación consciente entre el cuerpo y el alma. que lleva a la persona hasta el contacto con su “fuente original”. Reproducimos sin más varias citas de esta autora:
“Estamos aprendiendo que la inmersión en el Movimiento Auténtico significa la inmersión en un proceso de desarrollo en el cual la historia personal, más claramente entendida dentro de la teoría psicológica, lentamente se integra dentro de la evolución de la psique ocupando su lugar dentro de un ser más grande. Podemos ir más allá de, en el mejor de los casos, estructuras saludables del ego. Mientras llevamos esta consciencia del ego en desarrollo hacia un nuevo despertar del espíritu, la forma del Movimiento Auténtico se expande hasta incluir experiencias que ocurren más allá de la personalidad y hasta incluir un sistema de lenguaje dentro del cual se ubiquen estas experiencias.
(…) En la práctica del Movimiento auténtico estamos aprendiendo cómo distinguir las experiencias místicas de la historia personal no resulta, cómo aprender a regular su intensidad de forma segura, cómo recibir e integrar tal material para desarrollar la consciencia. Al hacerlo, estamos aprendiendo como ser testigo de la evolución orgánica de estas energías a una nueva forma.” (J. Adler, 1992)
 
 
CITAS:
MARCIA PLEVIN, 1995: “Las raíces y el desarrollo del Movimiento Creativo (MC) y el Movimiento Auténtico (MA).”. Conferencia desarrollada en la Asociación Italiana de Psicología Transpersonal, Roma
JANET ADLER, 1992: “Cuerpo y Alma”. Revista Americana de Danza Terapéutica. Vol 14, Nº 2, USA.

 

Carmen Vázquez, 24 de julio, 2018