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Carmen Vázquez Fernández

CAT / CAST

“El darse cuenta”
qué es y para qué sirve (Parte II)

LA GRAN EVASIÓN

No, no hablo de la fantástica película de 1963 protagonizada por Steve McQueen. Me refiero aquí a la gran evasión cotidiana en la que vivimos sin darnos cuenta. Porque, ya lo veremos más adelante, de lo que hacemos para no darnos cuenta, también podemos darnos cuenta.
Y siendo que para evadirnos, tenemos que alejarnos de nuestros sentidos, es decir, de lo corporal, y de nuestras emociones ¿Qué nos queda como refugio? ¿A donde dirigiremos nuestra atención?.
Pues sólo nos queda un ámbito posible. Y ese es nuestra actividad mental. Es fácil de entender. ¿Quién no ha tenido un mal día y ha optado por “enchufarse en la TV y ver programa tras programa? Y es que es genial. Uno desaparece y con ello todos los problemas. Y mejor aun, uno puede vivir otras vidas y todo tipo de aventuras sin riesgo ninguno, o hacer grandes descubrimientos, o ver viejas películas en las que recrearse… Pero un momento ¿Y si resultase que no nos hace falta la TV. para eso? ¿Y si fuese que ya tenemos integrada en nosotros toda una programación completa y permanente?
Pues resulta que si, que la tenemos. Es nuestra propia mente. Está llena de viejas películas, de noticieros y discursos, de documentales futuristas y realidades simuladas. Y sin pagar un duro. También es cierto que está llena de películas de terror y que tiende a encallarse y repetir contenidos en bucle en los cuales quedamos atrapados… Nuestra mente es la gran evasión. Y le sacamos el máximo partido… en detrimento de nuestra vida.
Y ahí llegamos a donde nuestras funciones mentales ya no sirven a la vida y ya no son constructivas. Se convierten en un medio de escape de la realidad y pueden llegar a ser muy, pero que muy destructivas. (recomiendo a todos la lectura de Paul Watzlawick: El arte de amargarse la vida” Herder 2003). Pero lo peor de todo no es esto, lo peor es que ni nos damos cuenta de que estamos perdidos en nuestra mente.
UN ORDENADOR DESACTUALIZADO
En esta revolución electrónica sobrevenida desde hace no muchos años, todos tenemos una serie de artilugios electrónicos como los teléfonos, los ordenadores y las tabletas. Y en relación a ellos, tenemos muy claro que es de gran importancia mantenerlos actualizados. Vamos descargando nuevas versiones de sistemas y de programas y los vamos nutriendo de informaciones y archivos de forma constante. Estamos al tanto del último video en youtube y del twit que nos va llegando instantáneamente. El desastre llega cuando nuestro preciado artilugio queda desfasado y ya no admite nuevas actualizaciones. Páginas que ya no se pueden descargar, imágenes que ya no se ven, programas que dejan de ser compatibles, servicios que ya no quieren darnos sus prestaciones… Así que decidimos cambiar el aparato porque… Es esencial que esté actualizado
Respecto a teléfono y ordenadores lo tenemos totalmente asumido, pero…Y a nosotros ¿Como nos actualizamos? ¿Y que nos pasa si no lo hacemos?
EL GRAN DESASTRE
Esta no es una película, esta es la realidad de nuestras vidas en la medida en que vivimos refugiados en nuestras evasiones mentales y desconectados de nuestros sentidos. Para no alargarnos, baste decir que en la medida en que, en lugar de nutrirnos de aquello que está ocurriendo en lo real-actual, recurrimos a nuestros archivos de memoria, vamos generando “respuestas” que en realidad no van dirigidas a lo que nos está sucediendo realmente, sino a lo que nos sucedió en el pasado ¿Y que posibilidad de acierto tienen dichas “respuestas”? Para quien lo haya notado, la palabra “respuestas” la pongo entrecomillada porque ¿De verdad estamos dando una respuesta a lo que nos está sucediendo?.
La respuesta que daba Calderón de la Barca en su obra “La vida es sueño” es bien conocida: “…estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña,
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.”
Perls, siempre más contundente, lo decía así, citando a T.S. Eliot:
‘Tú no eres más que un montón de respuestas obsoletas’ Y si no se está en el presente, no se puede tener una vida creativa” (F. Perls, 1976)
Y con permiso de Perls, yo aun diría más. En la medida que no se está presente, no se vive, se sueña, como decía Calderón. Y ya vimos antes que presente y D.C. son parte de una mismo estado.
De este panorama tan duro nos saca, con un cierto grado de optimismo, porque la cosa es un poco más compleja, John O. Stevens en la presentación de su libro “El darse cuenta”:
“Este libro se basa en el descubrimiento de que es muchísimo más útil sencillamente tomar más consciencia _dándose cuenta de como está ahora uno mismo_ que tratar de cambiar, o detener, o incluso evitar, algo que hay en mí que no me gusta. Resulta efectivo quedarme con esto y llegar a darme cuenta en profundidad de ello. Uno no puede mejorar su funcionamiento; sólo puede interferir con él, puede disfrazarlo, distorsionarlo. Cuando uno de verdad se pone en contacto con su propia vivencia, descubre que el cambio se produce por sí solo, sin esfuerzo ni planificación.
Pero lo más importante es que la exploración del darse cuenta nos lleva a un enriquecimiento continuo y a un compromiso con la vida el cual tiene que ser vivenciado para ser conocido.” (J.O. Stevens,1976)
PERO ¿DARSE CUENTA DE QUÉ?
“Coros de grillos alborotan en la hierba seca,
en la cuesta reseca, revuelo de saltamontes,
el cielo bulle y envuelve con flecos
blancos, lentamente, los montes lejanos.
Cruje por doquier lo quebradizo. En el bosque,
>de piedra ya parecen el helecho y el musgo;
clavado en la neblina del cielo desierto
los mira el sol de julio, blanco, sin rayos.”
(Hermann Hesse, 2006)
“Nausea. La sentí entonces. Me metí a la cama y empecé a tiritar. Escalofríos. Luego sollozos. Los ojos levemente húmedos. Muy poco sonido. Enormes sollozos se sentían a través de mi cuerpo, caderas sollozando, pecho sollozando, brazos sollozando, incluso una pequeña sensación de sollozo en mis pies. Venía en oleadas, como el vómito, cuando “pasa” y luego comienza de nuevo.
Ma tarde un pequeño suspiro. Luego grandes suspiros, rápidos, agudos, profundos.
Ahora me siento suelta en vez de temblorosa, con algo de fuerza dentro de mi soltura. La dejo ser. ¿Por cuántas décadas he estado dominándome?” (Barry Stevens, 1979)
Estos son dos de los ámbitos por los que transita nuestra atención. En la primera cita, Hermann Hesse nos descubre su finísimo y sutil D.C. de lo externo. Si situamos la piel de nuestro cuerpo como frontera, Barry Stevens nos da una muestra del D.C. interno y la toma de consciencia a la que conduce: “¿Por cuántas décadas he estado dominándome?”.
Perls hace mención de estas dos áreas del D.C. y hace mención de una tercera cuya captación es fundamental para el desarrollo humano y su acompañamiento. La denomina la zona intermedia”:
“El darse cuenta cubre, por así decirlo, tres estratos o capas: el darse cuenta de sí mismo (self); el darse cuenta del mundo, y el darse cuenta de lo que está entre medio -la zona intermedia de la fantasía- que impide que la persona esté en contacto consigo misma y con el mundo”
Y prosigue más adelante:
“Esta gran área de actividad fantasiosa se apodera en tal medida de nuestra excitación, energía y fuerza vital que nos deja muy poca energía para estar en contacto con el mundo
El objetivo de la terapia, el objetivo del crecimiento, está en olvidar cada vez más la “mente” y despertar a los sentidos. Estar más en contacto, mas en contacto con uno mismo y con el mundo, en vez de únicamente en contacto con las fantasías, prejuicios, etc.” (F. Perls, 1974)
Cuando Perls habla de “fantasía” se está refiriendo a la actividad mental en su modo no productivo de la que hemos hablado antes y que, en cualquier proceso de “curación” y desarrollo humano, tiene tanta importancia el incremento del D.C. de lo interno y lo externo, como la captación e identificación de los diferentes modos mentales desde los que interrumpimos ese D.C. (zona intermedia).
Posteriormente, J. O. Stevens dedicará toda una obra al D.C. y en ella describirá con detalle estas tres áreas (atribuyéndose, por cierto, esta clasificación a su propia experiencia):
“Puedo distinguir en mi experiencia tres tipos de darme cuenta o zonas del darse cuenta:
El darse cuenta del mundo exterior. Esto es, contacto sensorial actual con objetos y eventos en el presente: lo que en este momento veo, palpo, toco, escucho, degusto o huelo. (…)
El darse cuenta del mundo interior. Esto es, contacto sensorial actual con eventos internos en el presente: lo que ahora siento desde debajo de mi piel, escozor, tensiones musculares y movimientos, manifestaciones físicas de los sentimientos y emociones, sensaciones de molestia, agrado, etc. (…)
El darse cuenta de la fantasía. Esto incluye toda la actividad mental que abarca más allá de lo que transcurre en el presente: todo el explicar, imaginar, adivinar, pensar, planificar, recordar el pasado, anticipar el futuro, etc.” (J.O. Stevens, 1976)
Nada que no hubiese dicho Perls ya. Pero sobre el último tipo del darse cuenta si que hace una aportación que me parece de interés:
“Y sin embargo dentro de esta fantasía hay una realidad encubierta. Puedo descubrir más de esta realidad si me concentro en mi fantasía y al mismo tiempo tomo consciencia de mis sensaciones físicas, percepciones y otras actividades mientras hago esto. Al pensar en el tiempo que va a tardar este libro en hacerse, me doy cuenta del cansancio de mi cuerpo (…)” (J.O. Stevens, 1976)
LA CEVOLLA Y EL RAYO LASER
Esta última cita de Stevens nos abre a una de las funciones de la atención que marca el estilo de intervención terapéutica en la Gestalt: Lo que Perls llamó “concentración” o “darse cuenta focalizado”. Perls lo describía así al hablar del neurótico y el tipo de intervención que puede ayudarles:
“El neurótico tiene menos dificultad en asociar que en concentrar y cuando llega a concentrarse tiene dificultad en vivenciarse a sí mismo.(…)
Si ha de progresar hacia una participación plena en el presente y dar los primeros pasos hacia la vida productiva, tiene que aprender a dirigir sus energías, es decir, tiene que aprender a concentrarse. (…)
Además, la técnica de concentración (el darse cuenta focalizado) nos da una herramienta de terapia en profundidad más que en extensión. Concentrándose en cada síntoma, en cada área del darse cuenta, el paciente aprende muchas cosas de sí mismo y de su neurosis” (F.Perls 1976)
Imaginemos una cebolla y un rallo láser enfocado en ella. A medida que mantenemos ese rayo, este irá tras pasando las diferentes capas de la cebolla hasta llegar a su núcleo. Ese es exactamente el efecto que produce la concentración. En la medida en que mantenemos nuestra atención en una sensación o emoción, comprobamos como tras ello podemos identificar (darnos cuenta) otra sensación o emoción, o un sentimiento y tras este, otro… y así indefinidamente hasta llegar a un núcleo plenamente significativo, es decir, caminando de un darse cuenta más superficial a otro más profundo llegamos a una toma de consciencia relevante.
Y este es una función fundamental del D.C. en el proceso de “curación” y desarrollo de la persona. De un lado, nos sitúa en lo real, como ya hemos comentado -y este hecho es de radical importancia-. Y de otro, desde la concentración, nos permite emprender una investigación personal interna que, como el hilo de Ariadna, nos lleva hasta nuestro hogar, aquel donde residimos realmente, el de nuestros sentimientos genuinos y nuestro impulso vital.
Es por todo ello que el D.C. no debe entenderse como un ir de un estímulo a otro sin rumbo. El D.C. siempre va acompañado de una finalidad: La toma de consciencia de uno mismo, del otro, del mundo.
EL RIO QUE NO HAY QUE EMPUJAR
La segunda de las citas al hablar de los tipos del D.C es de la obra de Barry Stevens “No empujes el río” que lleva como subtítulo “porque fluye solo”. No se si viene de ahí, pero en un momento dado se puso muy de moda la frase de “déjarse fluir”. ¿A qué hace referencia esa palabra: fluir? ¿Y qué tiene que ver con el D.C.?
Volvemos a Perls y a uno de los conceptos centrales de la Gestalt: la “auto-regulación organísmica”:
“Así llegaremos a considerar el fenómeno más importante e interesante de toda la patología: la auto-regulación versus la regulación externa”
Y refiriéndose a la auto-regulación, continúa:
“ (…) el organismo es dejado solo para cuidarse a sí mismo sin interferencias externas” (F. Perls, 1974)
De lo que está hablando Perls no es otra cosa que uno de los enunciados centrales, sino el central, en el que se apoya la psicología humanista. Este es el de que todo ser vivo tiene en sí la potencialidad y la tendencia hacia el crecimiento, la maduración y el desarrollo. Carl Rogers fue uno de los grandes defensores de este posicionamiento y basó todo su trabajo en el. Estamos hablando de los años 50 del siglo pasado.
Y sin embargo, después de todo este tiempo, por mucho que racionalmente e intelectualmente lleguemos a comprenderlo y compartirlo, lo cierto es que dejarnos hacer desde esa auto-regulación, es decir, permitirnos “fluir” es de las cosas que más nos cuesta.
Vivimos en la cultura de la prepotencia y el control. El “yo hago porque yo lo decido y yo puedo”… Muchos “yo”. ¿Y qué es ese yo al que tanto nos auto-referimos? Pues resulta que no tiene nada que ver con lo que yo soy real y genuinamente. Es simplemente una imagen que nos hemos construido de nosotros mismos, con altos componentes de narcisismo y auto-exigencia y un fondo de miedo intenso. Miedo a la incertidumbre, miedo a lo desconocido, miedo al fracaso, y todo un cúmulo de fantasías catastróficas derivadas de nuestras experiencias dolorosas. Un miedo producto de nuestra desconexión con el presente y con la vida. Y aquí viene la relación con el D.C.:
“(…) el ‘darse cuenta’ per se -por sí mismo- puede ser curativo. Porque con un awareness pleno uno se da cuenta de esta auto-regulación organísmica, uno puede permitir que el organismo se haga cargo sin interferir, sin interrumpir; podemos fiarnos en la sabiduría del organismo. En contraste con todo esto, está la patología de la auto-manipulación, control del ambiente y todo lo demás, que interfiere con este sutil auto-control organísmico” (F. Perls, 1974)
Al hablar de “sabiduría del organismo” peros se está refiriendo a la captación de lo que se está viviendo desde la conexión con el presente y, desde ahí, la activación del impulso vital en lo que podríamos llamar el ciclo básico de la vida. Ese que Carl Rogers describió como el paso circular por las siguientes etapas: VIVENCIA – CONSCIENCIA – EXPRESIÓN. Así pues, y como colofón, podemos concluir que el efecto poderoso del D.C. es que nos re-conecta con la vida.
 
BIBLIOGRAFIA CITADA
– F. Perls
(1976): “El enfoque gestáltico & testimonios de terapia”. Cuatro Vientos, Santiago de Chile
(1974): “Sueños y existencia”. Cuatro Vientos, Santiago de Chile
– J.O. Stevens (1976): “El darse cuenta” Cuatro Vientos, Santiago de Chile
– Hermann Hesse ( 2006): “Las estaciones”. RBA, Barcelona
– Barry Stevens (1979): “No empujes el río”. Cuatro Vientos, Santiago de Chile

 

Carmen Vázquez, 2 de noviembre de 2018